ANÁLISIS ASTROLÓGICO
Si observamos el gráfico natal de Karl Marx, nos percataremos de que presenta dos figuras de aspectos triangulares destacadas, ambas unidas al planeta "enano" Plutón. La primera figura involucra al planeta Venus, en quincuncio a Neptuno y en sextil a Plutón, y este último en cuadratura a Neptuno. Los tres planetas forman un triángulo escaleno.
La segunda figura de aspectos, también triangular y con forma de triángulo escaleno, está integrada por la Luna, Neptuno y Plutón. La Luna se encuentra en semicuadratura con Plutón, y esta en sexquicuadratura con Neptuno, y este en cuadratura a Plutón.
Esta última configuración astrológica en forma de figura de aspectos es el pilar básico y fundamental sobre el cual Marx estructuró su pensamiento económico a través de su magna y archiconocida obra de teoría política y económica: "El capital", "El Manifiesto comunista" y el conjunto de su pensamiento político.
La Luna, en aspecto con Neptuno y con Plutón, fue la receptora de las necesidades de la clase trabajadora, así como de las penurias y la explotación de las familias obreras de aquella época. En ella, Marx entendió y asimiló de manera empática todas aquellas nefastas, precarias y deplorables circunstancias que vivían diariamente aquellas personas, agrupadas en lo que él consideraba la clase trabajadora, donde hombres, mujeres y niños eran explotados por el sistema capitalista y por su mano ejecutora: la burguesía. La famosa frase que aparece en el Manifiesto del Partido Comunista: "Proletarios de todos los países, uníos", es la clara expresión de esta figura de aspectos que Marx quiere concienciar y promover en su lucha contra el capitalismo.
Es más, el ciclo por antonomasia que plasma los grandes cambios que vive la humanidad, y que son de largo recorrido en la evolución y materialización de sus procesos, con transformaciones que se manifiestan de manera progresiva pero inexorable en el tiempo, es el ciclo planetario que conecta a Neptuno y a Plutón.
Ese es el motivo de que el marxismo y las diferentes variantes y corrientes que posteriormente se desarrollaron sigan, décadas y siglos después, vigentes, debido a la trascendencia de este potentísimo ciclo planetario, que además se presenta en forma de cuadratura. Es decir, el aspecto más potente y transformador en relación con el resto de los aspectos astrológicos, por su radicalidad e intensidad energética. A día de hoy, este ciclo continúa insuflando fuerza a esta corriente político‑económica que es el marxismo, la cual se ha materializado en abruptos cambios sociales desde 1848 hasta el presente, como es bien sabido. A partir de las teorías de Karl Marx, el mundo experimentó transformaciones estructurales de enorme calado social, económico y político.
Lo que resulta evidente es que los escritos teóricos de Marx son la conciencia no deseada de la peor versión del capitalismo, donde se refleja la cara más cruda del modelo industrial y económico imperante, el cual desde hace varios siglos mueve al mundo. También quedan expuestas las miserias que este sistema genera para que una pequeña parte de los seres humanos viva cómodamente, sin carencias materiales, mientras que la mayor parte de la humanidad permanece explotada por esa minoría privilegiada, que concentra en sus manos la riqueza generada a escala global. Eso es lo que el marxismo critica, aunque llevar su teoría a la práctica haya generado, en numerosos casos, más miseria que el propio capitalismo, como se ha podido comprobar en los Estados socialistas creados posteriormente.
De todos los gráficos natales que he analizado de grandes pensadores y figuras políticas, muy pocos presentan el ciclo planetario entre Neptuno y Plutón de forma tan prominente y destacada, con un aspecto en forma de cuadratura de tal magnitud. Este aspecto, cargado de tensión, sigue hoy activo a nivel global por el calado ideológico que inspira la obra de Marx, y continúa siendo motivo de confrontación entre partidarios y detractores de sus teorías sociales, políticas y económicas.
Lo que nadie discute, incluidos sus principales detractores históricos, es la penetrante crítica de Marx al capitalismo, ya que analizó con claridad la explotación laboral, la acumulación de capital y la desigualdad estructural. Su diagnóstico sobre la concentración de la riqueza y la alienación del trabajador sigue siendo relevante en la actualidad. Lo que se cuestiona es la viabilidad de sus soluciones políticas, no la agudeza crítica de su análisis económico y social. En ese sentido, su teoría funciona como una lente crítica del capitalismo, al que señala como un sistema económico de explotación que beneficia a unos pocos.
Podemos afirmarlo sin matices: Marx es el filósofo que más ha influido en el mundo moderno. Ningún otro pensador ha provocado revoluciones, impulsado la creación de nuevos Estados, desencadenado guerras y transformado sistemas políticos completos. Sus ideas modificaron leyes, economías y la vida cotidiana de millones de personas. Platón o Aristóteles influyeron durante siglos, pero de manera indirecta. Marx lo hizo de forma directa, con efectos prácticos y globales.
Conviene recordar, además, la otra figura de aspectos presente en el gráfico natal de Karl Marx: un triángulo escaleno que incluye al planeta Venus en quincuncio con Neptuno y en cuadratura con Plutón, encontrándose este último en sextil con Neptuno.
Es en esta figura donde se manifiesta el rendimiento del trabajo del que habla Marx en su extensa obra económica, expresado mediante el planeta Venus, que describe esa realidad en su gráfico natal. Marx supo teorizarla en su obra magna, "El capital", ya que Venus representa astrológicamente los recursos económicos y materiales, reflejados en el capital, los beneficios y los salarios. Es el claro exponente del mundo material y de los recursos de cualquier índole y, por extensión, del producto final que demanda el mercado o el consumidor.
Para Marx, el rendimiento del trabajo se explica económicamente por la apropiación privada del valor producido: el trabajador vende su fuerza de trabajo por un salario que cubre su subsistencia, pero durante la jornada laboral genera un valor superior a ese salario. Esa diferencia, denominada plusvalía, constituye la base del beneficio capitalista y el núcleo de la explotación. El capital no remunera el trabajo en función de lo que produce, sino de lo que cuesta mantener al trabajador, lo que provoca alienación, pérdida de control sobre la actividad laboral y una separación radical entre quien produce la riqueza y quien la acumula. Por ello, la riqueza generada en un país o a escala global se concentra en un número reducido de personas.
Otra cuestión relevante es que estas dos figuras de aspectos triangulares están unidas al planeta "enano" Plutón, que actúa como eje central de proyección de todo su pensamiento. Plutón se encarga de dar visibilidad a la miseria voraz y la explotación que genera el capitalismo. Saca a relucir el nuevo sistema esclavista que este sistema económico, nacido en la Primera Revolución Industrial, aplica sobre una buena parte de la humanidad. Por ese motivo, Karl Marx es la voz crítica de Plutón, convirtiéndose en un "revolucionario plutoniano" que cuestiona en su obra el funcionamiento del capitalismo al denunciar la explotación del hombre por el hombre y la dinámica propia de este sistema económico, basada la explotación extrema. Señala, además, la necesidad de erradicarlo o, más propiamente, transformarlo hasta ponerle fin. Marx no quiere hacer reformas de mejoras dentro del capitalismo: lo quiere liquidar, eliminar, o lo que es lo mismo, darle muerte. Es el planeta Plutón dando expresión verbal y radical a tanto sufrimiento. Plutón es el planeta de la conciencia de la humanidad que saca a la luz las miserias del hombre.
Este proceso se produciría desde el Estado burgués o capitalista, donde existen la propiedad privada, la explotación y la lucha de clases. En ese marco, la clase trabajadora, mediante la dictadura del proletariado —fase de transición en la que el proletariado toma el poder político—, inicia la conversión hacia un Estado socialista. En él se produce la abolición progresiva de la propiedad privada y el control de los medios de producción, hasta entonces en manos de la burguesía. Una vez superado el sistema de clases y con su desaparición, se alcanza la igualdad entre los seres humanos y, finalmente, el comunismo, donde se disuelven el Estado, las clases sociales y la figura del trabajador explotado. Esta evolución, que según el marxismo debe culminar en la eliminación del sistema anterior para dar paso a una nueva identidad económica, refleja con claridad las características astrológicas asociadas a Plutón.
El planeta Urano, símbolo astrológico de los cambios bruscos y la revolución, estaba en lo más alto de su gráfico natal, casi en conjunción con el MC, el objetivo a alcanzar. Por tanto, Karl Marx tenía como objetivo vital provocar, mediante su visión y pensamiento, que sus postulados teóricos fueran contundentes, radicales y revolucionarios, a través de un ejercicio práctico continuado de presión para producir el colapso del capitalismo mediante la acción de la clase trabajadora o proletariado, con el fin de hacerse con los medios de producción en manos de la burguesía.
Es más, el planeta Urano, agitador, radical, reivindicativo y explosivo, formaba un quincuncio con el incisivo planeta Marte, que estaba totalmente aislado del conjunto de planetas de su gráfico natal, situados en el hemisferio oriental, en el sector del yo, mientras que el planeta rojo se encontraba en el hemisferio occidental, en el sector de los otros. Es decir, Marx era consciente de que su teoría político-económica debía llevarse a cabo por la fuerza y por la masa proletaria, mediante la presión social ejercida sobre el sistema burgués capitalista imperante, para alcanzar el comunismo y, por consiguiente, la desaparición de las clases sociales.
Es obvio que sus artículos y mensajes incendiarios y su radicalismo feroz plasmado en sus teorías en contra de la burguesía y del sistema político liberal y, por ende, contra su sistema económico, el capitalismo, son canalizados y proyectados por el quincuncio entre Marte y Urano sin ningún género de dudas.
Otro elemento destacado en este análisis astrológico es la presencia del planeta Mercurio inaspectado, lo que le otorgó una perspectiva personal y autónoma para interpretar el mundo a través de su propio prisma, sin quedar condicionado por las teorías de otros pensadores. Aunque en su juventud pudo verse influido teóricamente, esa independencia mental hizo que el resultado final de su pensamiento fuera singular.
Hay un hecho significativo, a la vez anecdótico y curioso, que no debe pasar desapercibido: el filósofo alemán Karl Marx nació el mismo día en que tuvo lugar un eclipse anular de Sol. En el ámbito astrológico, este dato era conocido desde hacía años y existe abundante información al respecto, por lo que, hasta ese punto, no hay nada especialmente novedoso que añadir.
Sin embargo, quise indagar un poco más y observar la trayectoria que describió ese día el eclipse solar sobre la superficie de nuestro planeta. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que la trayectoria del cono de sombra de la Luna sobre la superficie de la Tierra recorrió longitudinalmente el país que, cien años después, se convertiría en la primera nación de la historia en implantar un régimen socialista mediante una revolución sangrienta: Rusia, que más tarde se transformó en la Unión Soviética, también conocida como la URSS. Es decir, la Luna proyectó su sombra sobre la superficie del país más grande del mundo, señalando el lugar donde, diez décadas después, se levantarían los cimientos de un nuevo Estado basado en las teorías de Karl Marx. ¿Casualidades de la vida o un guiño de los astros? Saquen ustedes sus propias conclusiones.
Lo que diferencia a Karl Marx de otros filósofos destacados se encuentra resumida en una de sus frases más conocidas: "No se trata de interpretar el mundo, sino de transformarlo". Con ello, Marx rechaza la filosofía como mera especulación teórica. Reflexionar, describir o explicar la realidad no es suficiente; lo decisivo es actuar para modificarla materialmente. La verdad no se mide por la brillantez de las ideas, sino por su capacidad de generar transformación social. Es una llamada a la acción revolucionaria, no a la contemplación intelectual. Para Marx, el pensamiento que no produce cambios es estéril.
Marx no es el único pensador influyente, pero sí el más determinante. Su teoría no quedó confinada a los libros: dio lugar a partidos, Estados, revoluciones y sistemas económicos reales. Su pensamiento movilizó masas y derribó regímenes. Eso es lo excepcional. Otros teóricos transformaron el mundo de manera más limitada: Locke fundamentó el liberalismo moderno; Montesquieu estableció la separación de poderes, Adam Smith proporcionó el soporte teórico del capitalismo; Rousseau articuló la soberanía popular; Keynes redefinió el papel del Estado en la economía; Hobbes legitimó el Estado moderno. La diferencia es clara: Marx formuló una teoría concebida explícitamente para hacerse práctica, y así ocurrió, con unas dramáticas consecuencias históricas.
Karl Marx falleció el 14 de marzo de 1883 en Londres. Sus últimos años estuvieron marcados por la pobreza y el deterioro de su salud, agravado por complicaciones respiratorias y una bronquitis crónica. Murió rodeado de familiares y amigos, dejando una extensa obra teórica de economía política inacabada, centrada en la crítica al capitalismo. Esta fue posteriormente completada y editada por su amigo y colaborador Friedrich Engels, quien publicó los dos volúmenes restantes de "El capital", asegurando la difusión de sus ideas a generaciones futuras. El alcance histórico de esa difusión es sobradamente conocido, así como las consecuencias sociales derivadas de la confrontación entre el modelo capitalista y la aplicación práctica del socialismo, una tensión que continúa influyendo en la vida de millones de personas en todo el mundo.