Carlos Morales | Barcelona | 07.11.2024 | 16:27 hrs. 


Análisis astrológico:

Chavismo
y sus ciclos planetarios

Donald Trump, Trump

El chavismo representa el pensamiento político e ideológico proyectado por el carismático presidente Hugo Chávez, que irrumpió en Venezuela en 1999 prometiendo una "revolución bolivariana" contra la desigualdad social, con programas sociales, nacionalizaciones y el antiimperialismo como banderas frente al gigante norteamericano Estados Unidos.


Durante más de dos décadas este movimiento política ha transformado el país, donde redujo inicialmente la pobreza gracias al boom del petróleo de esos años, pero progresivamente fue derivando hacia un autoritarismo personal que desembocó en una descabellada hiperinflación, un éxodo masivo de millones de personas y acusaciones de corrupción y represión política, con falta de libertades bajo el aparente velo de un Estado democrático.


Tras la repentina muerte de Chávez, Nicolás Maduro fue su sucesor directo desde 2013, periodo en el que el movimiento izquierdista se fue endureciendo progresivamente, enfrentándose a sanciones internacionales y a una crisis humanitaria.


En enero de 2026 se produjo un dramático giro: una operación militar estadounidense capturó a Maduro, abriendo un periodo de incertidumbre. Desde ese momento, todas las interrogantes están abiertas, sin tener una respuesta clara: ¿Será el fin del chavismo o su reinvención con nuevas figuras como Delcy Rodríguez, bajo las directrices de Estados Unidos?


Venezuela se enfrenta más que nunca a un punto de inflexión histórica, entre la esperanza de transición democrática y los riesgos de inestabilidad y cronificación de su actual estado de convivencia y falta de libertades.


En este artículo veremos cómo ciertos ciclos planetarios han estado presentes como ciclos afines desde el mismo momento del nacimiento del impulsor ideológico del chavismo, Hugo Chávez, hasta la captura de su sucesor, Nicolás Maduro.


El proceso chavista, desde el nacimiento de Hugo Chávez en 1954 hasta el cierre del ciclo político en 2026, puede explicarse de forma coherente mediante la reiteración de tres ciclos planetarios dominantes que actúan de manera encadenada y funcional. No se trata de una suma de coincidencias, sino de una secuencia estructural en la que cada ciclo cumple una tarea precisa dentro del mismo fenómeno histórico. El eje de todo el proceso es el ciclo Urano–Neptuno, que aparece de forma constante en los momentos de ruptura del orden previo, de disolución institucional y de pérdida de referencias normativas. Este ciclo no construye poder ni organiza un sistema estable; lo que hace es erosionar el marco existente, vaciar de contenido las reglas y generar un terreno político fluido, ambiguo y maleable. Por eso está presente tanto en los intentos de golpe de 1992 como en la convocatoria de la Asamblea Constituyente de 1999, en la crisis posterior a la muerte de Chávez y en la ruptura definitiva del orden constitucional con la Constituyente de 2017. Sin este ciclo, el chavismo no habría podido existir, porque su condición previa fue siempre la descomposición del Estado liberal venezolano y la sustitución de la legalidad por situaciones excepcionales.


Sobre ese terreno disuelto actúa el segundo ciclo clave, Júpiter–Urano, que es el más frecuente en número y explica la dinámica de irrupción política del chavismo. Este ciclo aparece en los momentos en los que Chávez y luego Maduro logran saltos rápidos, inesperados y difíciles de frenar: la salida de prisión, la victoria electoral de 1998, la reiteración de triunfos electorales, la fundación de nuevas estructuras partidistas o la capacidad de rehacerse tras derrotas parciales. Júpiter aporta legitimación, expansión y cobertura simbólica; Urano introduce ruptura, aceleración y sorpresa. El resultado es una política de hechos consumados, donde los cambios se producen antes de que el sistema tenga tiempo de reaccionar. Este ciclo no garantiza estabilidad, pero sí movimiento constante, lo que explica por qué el chavismo avanzó incluso en contextos de crisis económica o aislamiento internacional.


El tercer pilar del proceso es el ciclo Júpiter–Plutón, que aparece siempre que el chavismo deja de competir y pasa a ejercer el poder de forma plena. Este ciclo se manifiesta en la Asamblea Constituyente de 1999, en la aprobación de la nueva Constitución, en el referéndum revocatorio, en las reelecciones presidenciales y, de forma especialmente clara, en la Constituyente de 2017. Aquí ya no se trata de irrupción ni de relato, sino de concentración de autoridad, control de las instituciones y sometimiento de los contrapesos. Júpiter amplía el marco de legitimación; Plutón impone, centraliza y elimina resistencias. Cuando este ciclo domina, el sistema se cierra y la salida política se vuelve cada vez más difícil.


La lógica completa del chavismo se entiende, por tanto, como una secuencia reiterada: primero Urano–Neptuno deshace el orden existente y debilita la legalidad; después Júpiter–Urano impulsa la irrupción, el avance rápido y la legitimación súbita; finalmente Júpiter–Plutón consolida el poder y transforma la excepcionalidad en norma. Esta combinación explica tanto el ascenso, como la persistencia y la deriva autoritaria del sistema, así como su progresivo agotamiento cuando los ciclos de disolución y concentración ya no generan renovación, sino bloqueo. En ese sentido, el chavismo no fue un accidente histórico, sino un proceso coherente sostenido por la repetición de estos tres ciclos a lo largo de más de siete décadas.

Carta astral de Donald Trump, Donald Trump natal chart

ANÁLISIS ASTROLÓGICO:


Si observamos el gráfico natal de Donald Trump, a simple vista vemos un hemisferio oriental atestado, con un 90% de planetas en este sector y un destacado e imponente planeta Marte en conjunción con el ASC, situado en el sector 12, y una Luna aislada en el hemisferio occidental. Es evidente que esa acumulación planetaria en el hemisferio del Yo, vertebrado en su eje central por el ASC, indica una personalidad que necesita controlar absolutamente todo en su vida y que cualquier acción debe estar dirigida hacia objetivos puramente personales, donde, en el caso de Trump, los demás se convierten en una extensión o herramienta útil para proyectar su filosofía personal a través de su entorno inmediato y, por consiguiente, a través de su país. Así es su visión y manera de afrontar y dirigir su vida y la vida de los demás.


Por lo tanto, esto nos habla de acometer, a nivel político, proyectos de país o a escala internacional, donde el consenso y la bilateralidad o multilateralidad en las relaciones y en la consolidación efectiva de cualquier iniciativa no van a ser fáciles de alcanzar para llegar a un acuerdo inmediato. En el caso de que se llegaran a consolidar, sería siempre y cuando abarquen exclusivamente el interés del presidente de Estados Unidos.


A esto debemos agregarle un destacado y prominente planeta rojo en conjunción con el ASC, planeta que define claramente la proyección y el carácter personal de Donald Trump: luchador incansable, vital, tenaz, enérgico, inmisericorde con sus adversarios políticos y competidores directos, líder inflexible, autoritario, inagotable, testarudo y persistente en la consecución de sus objetivos, ya que no entra en su filosofía de vida tirar la toalla; nunca dará nada por perdido en ningún terreno, como hemos podido ver.


Los escándalos personales, políticos, problemas judiciales, etc., no han hecho mella en él. Es incombustible como el propio Marte. Arremete contra viento y marea, es derrotado, pero vuelve de nuevo al ring porque está convencido de poder volver a ganar. Todo eso son principios y características netamente marcianas. De ahí que haya vuelto a triunfar electoramente hablando, por segunda vez no consecutiva, la presidencia de los Estados Unidos. Como todos hemos visto, este potente y destacado planeta Marte en su gráfico natal no acepta la derrota como una posibilidad, como manifestó acaloradamente cuando perdió las elecciones contra Joe Biden en el año 2020, indicando que fue un fraude electoral, enalteciendo a la multitud de sus acalorados partidarios el día 6 de enero de 2021, unas semanas antes de la toma de posesión del nuevo presidente, lo que provocó el insólito, pésimo y fatídico asalto al Capitolio en Washington DC.


Muchas personas con un potente planeta Marte en conjunción con el ASC y en el sector 12 del gráfico natal, como es el caso de Donald Trump, manifiestan su buen estado viril y sexualidad masculina, ya que es una de las características fundamentales, entre otras muchas cualidades, que externaliza un planeta rojo destacado en el gráfico natal. Como todos sabemos, a lo largo de su trayectoria de vida pública, desde sus inicios en el mundo empresarial y después a nivel político, ha exhibido y externalizado de manera inequívoca estas características marcianas de su personalidad. Este es un claro ejemplo de que las zonas (casas 12, 9, 6 y 3) propuestas por el investigador francés Michel Gauquelin mostraron resultados estadísticos elevados con la presencia de determinados planetas que exaltaban las características de la personalidad cuando se encontraban en esos cuatro sectores astrológicos del gráfico natal. En este caso, es evidente que Trump representa a un Marte elevándose, "no ocultándose astronómicamente en la casa 12". Los escándalos sexuales, misoginia manifiesta, machismo confeso y la larga lista de amantes y relaciones amorosas, dentro y fuera del matrimonio, que eran vox populi, han estado presentes en su vida, relacionado con el ciclo planetario Venus-Marte formando un semisextil en su gráfico natal, que nos habla de nuevo de la capacidad de seducción y atracción que ha ejercido y tenido hacia las mujeres.


El ciclo planetario Júpiter-Urano en trígono en su gráfico natal es uno de los principales ciclos afines o básicos de su personalidad. Esta configuración planetaria tiene mucho que ver con su modo de actuación en política exterior. Las características del ciclo Júpiter-Urano externalizan una manera de imponer o exigir más que dialogar en lo referente a la diplomacia y las buenas formas. El rearme, el militarismo, el colonialismo y el imperialismo son inherentes a este ciclo, y la unilateralidad y el intervencionismo en las políticas y economías de terceros países están casi siempre presentes. Este ciclo es de imposición y un claro agitador y desestabilizador político, que no suele estar en sintonía con la paz regional o mundial. Además, ante inesperados y súbitos acontecimientos, suelen ser explosivos en sus reacciones geoestratégicas.


Trump internaliza este ciclo con un enfoque proteccionista de los intereses económicos de su país, pero exige libertad de movimiento en la expansión por el mundo de los bienes y servicios que ofrecen las empresas estadounidenses. Además, el trígono de este ciclo no funciona bien cuando hay obstáculos o impedimentos a la proyección de iniciativas que afectan los intereses nacionales que Trump dice defender; por este motivo, va a tener muchos problemas y encontronazos con aquellos países a la hora de encajar sus propios intereses y los de las naciones competidoras de Estados Unidos. 


En consecuencia, vamos a ver a un nuevo presidente de Estados Unidos agitando, imponiendo y exigiendo a sus conciudadanos y al mundo en general la visión que él cree que deben acometer sus semejantes aquí en la Tierra. Evidentemente, el diálogo no es su fuerte, ya que es un claro catalizador de la polarización política y social, dentro y fuera de Estados Unidos. Debemos recordar que Trump es conocido por un estilo de liderazgo controvertido, con un enfrentamiento directo contra sus adversarios en cualquier terreno, donde su lema en campaña siempre ha sido "America First" ("América primero"). Es decir, yo y mi país primero; o estás conmigo o en contra de mí. Es evidente que siempre ha sido claro y directo en sus discursos; no hay ambigüedades con él.


Sin embargo, hay que señalar que tiene un punto débil o fuerte, según se mire, pero que él sabe perfectamente que no controla o simplemente que no ha querido controlar: la Luna natal en el sector 4 y en el hemisferio oriental, zona controlada por el DSC (descendente), el sector de los otros, la zona del tú. Este hemisferio ya no es controlado y dirigido por él. Y aquí se localiza la Luna aislada, que representa a las personas cercanas, más íntimas y queridas por Trump: su familia. Posiblemente, son las únicas personas a las que escuchará y asentirá por ese vínculo afectivo que su personalidad individualista no está dispuesta a descuidar. En ese terreno, se convierte en uno más y deja de ser ese político y empresario incisivo y dominante. Esa Luna, además, está en oposición al Sol, hecho que acentúa que hay una parte de su carácter que, en alguna medida, tiene en cuenta a los demás, además de necesitarlos, respaldada con una Luna en biquintil a Venus, donde el afecto y cariño son la nota dominante.


Si trasladamos este ciclo Sol-Luna en oposición a la esfera de la política internacional, vemos un claro ejemplo de cómo se externalizó esta energía con el insólito hecho de establecer relaciones diplomáticas con la hermética y aislada Corea del Norte, siendo el primer presidente de Estados Unidos en visitar este país comunista después de los tensos enfrentamientos dialécticos con el presidente norcoreano, Kim Jong-un, en los que ambos expresaban quién tenía el "misil balístico más grande", en referencia a las armas nucleares.


Ese intento de acercamiento no dio los frutos deseados, como todos ya sabemos, pero el esfuerzo de Trump estuvo ahí. Esa es la última baza que guardará para escuchar y, posteriormente, dialogar, siempre y cuando sus objetivos políticos se hayan alcanzado en un porcentaje alto, previo a un contraataque masivo de imposiciones y acuerdos de máximos que abrumen a sus contrincantes, ya sean políticos, aliados, terceros países, etc.


Lo que nadie puede obviar es que el mundo, durante los próximos cuatro años, volverá a estar agitado y tensionado, y su país, nuevamente, a la expectativa de los grandes titulares que generarán las políticas del imprevisible, peculiar y omnipresente presidente de los Estados Unidos de América. Europa y, sobre todo, la Unión Europea; Asia —concretamente China—, sin olvidarnos de América Latina, en especial México y su frontera con Estados Unidos, y todo lo que ese paso conlleva con la inmigración ilegal; así como Canadá, con toda la parafernalia de la imposición de aranceles como arma de presión y la consiguiente guerra comercial, harán temblar los mercados. Los actuales y destacados conflictos bélicos, como la guerra de Ucrania y la guerra en el Próximo Oriente, se caldearán mucho más con un Trump irreverente e incisivo, como siempre lo ha sido.

Nota: Los orbes o márgenes de tolerancia que aplicamos a cualquier de los aspectos es de 2º de arco como máximo. Se ha comprobado que con orbes  mucho más amplios, el aspecto o la distancia angular entre dos planetas pierde fuerza, viciando con ello los resultados de una seria y rigurosa investigación o análisis astrológico. 

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